El alcalde que gobierna por videollamada desde 900 kilómetros y no piensa disculparse
Su municipio funciona, sus vecinos están divididos y la oposición ha contado sus ausencias una por una.

Cuarenta y un plenos, veintiséis conectados desde una pantalla. Las cifras las ha publicado la oposición y el interesado no las discute: las considera «modernidad administrativa».
El pueblo, mientras tanto, ha estrenado polideportivo, ha reducido deuda y ha visto cómo se arreglaban dos calles que llevaban seis años en la lista de promesas.
El argumento incómodo
«Si el trabajo sale, ¿qué más da dónde esté sentado?», repite en cada entrevista. Es una frase difícil de rebatir con datos y facilísima de rebatir con emoción.
Los vecinos mayores discrepan: echan de menos el despacho abierto los martes y esa conversación de cinco minutos que ninguna videollamada reproduce igual.
Un debate que llega tarde
Ningún reglamento municipal previó esto. Y mientras los juristas discuten, decenas de consistorios pequeños miran de reojo un modelo que les resolvería más de un problema.
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